Trabajo de cara al público, es decir, tengo trato directo con los clientes. Algunas veces me topo con algún energúmeno (y energúmenas) que apestan. Pero no me refiero a que tienen un olorcillo un poco fuera de lo común, sino a que huelen tan mal que me dan arcadas.
A esta gente me gustaría poder decirles a la cara que se ducharan, que huelen mal…pero las buenas costumbres, la educación y las normas de la sociedad en la que vivimos no me permite hacerlo.
Toda esta parrafada es para explicar que si a esos que no se duchan se lo propusiera María, seguro que aceptaban hacerlo. Hasta varias veces al día.